
Como psicólogo deportivo, hay un mensaje clave que todo entrenador debería interiorizar: el rendimiento de un equipo está profundamente condicionado por las expectativas de quien lo lidera.
No solo entrenamos habilidades físicas o tácticas; también entrenamos creencias, confianza y mentalidad. Lo que esperas de tus deportistas acaba convirtiéndose, muchas veces, en el techo de su rendimiento.
Las expectativas actúan como una profecía autocumplida. Cuando son bajas, el mensaje implícito es “hasta aquí llegas”; cuando son altas pero realistas, comunican confianza, reto y propósito.
Los deportistas perciben rápidamente si su entrenador cree en ellos… o no. Y esa percepción influye en su esfuerzo, su toma de decisiones y su resiliencia ante el error.
Esperar más no significa presionar más. Significa acompañar mejor, ofrecer feedback constructivo, permitir el error como parte del aprendizaje y sostener la exigencia con apoyo.
Un entorno psicológico seguro potencia el compromiso y libera el verdadero potencial del equipo, sea cual sea el deporte o el nivel competitivo.
Entrenador, pregúntate hoy: ¿qué mensaje transmiten mis palabras, mis gestos y mis decisiones?
Ajustar tus expectativas puede ser el primer paso para que tu equipo rinda más… incluso más de lo que hoy imaginas.
EFICACIA DEPORTIVA
Jose Antonio Bonilla Cortabitarte






