APRENDE LA LECCION. OLVIDA LA DERROTA

La derrota duele. Golpea al ego, a la confianza y a las expectativas. Pero desde la psicología deportiva sabemos algo clave: perder no te define, lo que haces después sí.

Cada resultado adverso es una fuente de información valiosa sobre tu preparación, tu toma de decisiones y tu gestión emocional. Aprender la lección es el primer paso para crecer como deportista y como persona.

Cuando pierdes, es normal sentir frustración, rabia o tristeza. No luches contra esas emociones: reconócelas, acéptalas y dales un espacio limitado en el tiempo.

El problema no es sentir, sino quedarse atrapado en la derrota. Revive el partido, la carrera o la competición solo para extraer aprendizajes concretos, no para castigarte mentalmente.

Olvidar la derrota no significa ignorarla, sino cerrar el capítulo. Una vez analizado lo que dependía de ti, enfoca tu atención en el presente y en las acciones que te acercan a tu mejor versión.

La confianza se construye con hábitos diarios, no con resultados pasados. Cada entrenamiento es una nueva oportunidad de responder mejor.

Recuerda: los deportistas mentalmente fuertes no son los que siempre ganan, sino los que aprenden rápido, sueltan el error y vuelven a intentarlo con más claridad y determinación.

Aprende la lección. Olvida la derrota. Sigue adelante.

LO QUE PIENSAS CUANDO PIERDES DETERMINA CUANTO TARDARÁS EN GANAR

Perder forma parte inevitable del deporte, pero la forma en la que pensamos después de una derrota marca la diferencia entre estancarnos o crecer.

La imagen lo resume bien: no es la derrota lo que define al deportista, sino el significado que se le da.

Cada derrota es información, una oportunidad para aprender, reajustar y volver más fuertes. El verdadero progreso comienza cuando transformamos la frustración en reflexión y acción futura.

Entrenadores, vuestro rol es clave en este proceso. El mensaje que transmitís tras una derrota puede construir confianza o generar miedo al error. Ayudad a vuestros deportistas a analizar sin juzgar, a entender que equivocarse no es fallar como persona, sino parte del camino hacia la excelencia. Enseñar a perder bien es enseñar a competir mejor.

Deportistas, el diálogo interno tras perder determina cuánto tardaréis en volver a ganar. Si os castigáis, el camino se alarga; si aprendéis, se acorta. La resiliencia, la paciencia y la constancia se entrenan igual que la técnica o la condición física. No preguntes “¿por qué he perdido?”, sino “¿qué puedo hacer mejor la próxima vez?”.

Padres y familiares, vuestro apoyo emocional es un pilar fundamental. Escuchar, acompañar y validar el esfuerzo es más importante que el resultado. Cuando un joven deportista siente que su valor no depende de ganar, se atreve a crecer. Recordemos que el objetivo final del deporte no es solo ganar competiciones, sino formar personas fuertes, seguras y perseverantes

TUS DUDAS SON TU ÚNICA FRONTERA: ¡QUE TUS CREENCIAS NO LIMITEN TU POTENCIAL!

«El único límite a tus logros de mañana son tus dudas de hoy.» 

Esta frase encierra una verdad psicológica profunda que trabajo constantemente con deportistas de todos los niveles: el mayor oponente no está en el campo de juego, sino en nuestra propia mente.

Como psicólogo deportivo, he sido testigo de cómo deportistas con capacidades físicas y técnicas excepcionales se autosabotean con pensamientos limitantes, mientras que otros con recursos aparentemente menores alcanzan metas extraordinarias gracias a su fortaleza mental.

La duda no es solo una emoción pasajera; es un programa mental que, si lo permitimos, dicta nuestras decisiones, limita nuestra iniciativa y erosiona nuestra confianza mucho antes de que entremos en competición.

Las dudas actúan como profecías autocumplidas. Por ejemplo, cuando dudamos de nuestra capacidad para ejecutar un penalti decisivo, nuestro sistema nervioso genera tensión muscular, nuestra respiración se acelera y nuestra coordinación se deteriora, aumentando precisamente la probabilidad del fallo que temíamos. Este mecanismo neuropsicológico explica por qué dos deportistas con la misma preparación física pueden obtener resultados tan diferentes.

La diferencia radica en la gestión de la incertidumbre. Los grandes campeones no están libres de dudas, pero han aprendido a reconocerlas, cuestionarlas y no permitir que secuestren su rendimiento. Entrenan su diálogo interno con la misma rigurosidad con la que entrenan su cuerpo.

El camino hacia los logros extraordinarios comienza cuando decidimos creer más en nuestro potencial que en nuestros miedos. Hoy es el día para dejar de dudar y empezar a creer.

Directriz para entrenadores: dedica tiempo específico al entrenamiento mental; una mente llena de dudas nunca expresará todo el potencial de un cuerpo bien entrenado.

Directriz para deportistas: identifica tus pensamientos limitantes y desafíalos con evidencias reales de tus capacidades; cada buen entrenamiento realizado es una prueba contra la duda. 

Directriz para padres: ayuda a tus hijos a construir una autoconfianza basada en el esfuerzo y la mejora continua, no en la perfección inalcanzable. 

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DEJA DE JUSTIFICAR Y EMPIEZA A CRECER: EL PODER DE LA RESPONSABILIDAD EN EL DEPORTE

«Si justificas tus errores y tus limitaciones, te quedarás en ellos.»

Esta frase representa una de las verdades más incómodas pero liberadoras de la psicología deportiva.

Como psicólogo especializado en rendimiento deportivo, he observado que la diferencia entre quienes se estancan y quienes evolucionan no radica únicamente en el talento, sino en su capacidad para asumir responsabilidad total sobre su desarrollo.

Cuando justificamos constantemente nuestros errores con excusas externas (el árbitro, las condiciones del terreno, la mala suerte, el entrenador,…) nos colocamos en una posición de víctimas sin poder. En cambio, cuando asumimos la responsabilidad de nuestras acciones, recuperamos el control y abrimos la puerta al cambio real.

Las justificaciones son trampas psicológicas que protegen nuestro ego en el corto plazo, pero limitan nuestro crecimiento en el largo plazo.

Cada vez que decimos «no pude porque…», estamos reforzando un patrón mental de impotencia aprendida.

Los grandes deportistas no son aquellos que nunca cometen errores, sino quienes tienen el coraje de reconocerlos, analizarlos sin filtros emocionales y convertirlos en oportunidades de aprendizaje.

La autocrítica constructiva no es pesimismo; es la herramienta más poderosa para la mejora continua. Cuando dejamos de justificar nuestras limitaciones y empezamos a trabajar en ellas, transformamos obstáculos en retos.

Consejo para entrenadores: fomenta una cultura donde el error sea visto como parte esencial del proceso de aprendizaje, sin tolerancia para las excusas.

Consejo para deportistas: pregúntate cada día «¿qué puedo controlar yo para mejorar?» en lugar de «¿qué factores externos me limitaron?».

Consejo para padres: enseña a tus hijos que la responsabilidad personal es el primer paso hacia la excelencia.

Recuerda: la zona de confort está construida con justificaciones; la zona de crecimiento comienza cuando las dejamos atrás.

El camino hacia la grandeza deportiva empieza cuando asumimos el 100% de responsabilidad sobre nuestro rendimiento y desarrollo.

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GESTIÓN DEL FALLO/ERROR

Las emociones surgen de los pensamientos y nos predisponen a actuar.

Ante los fallos y errores que uno comete puede hacer dos cosas:

1.- Pensar en las consecuencias de ese error. Eso hará que no se aprenda nada y se generen emociones de culpa y de cuestionamiento de la valía. Lo que a su vez puede estar propiciando el que se puedan repetir los mismos fallos y errores en el futuro.

2.- Analizar el error, buscar las causas y encontrar soluciones. Esto generará una actitud proactiva generando emociones de confianza al saber como afrontar las próximas veces la situación en cuestión.

AL COMPETIR NO ESTÉS ATENTO AL RESULTADO

Si al competir, el deportista está atento al resultado y, sobre todo, a las consecuencias de sus acciones y su influencia en el resultado es muy posible que eso le genere tensión y ansiedad y, por tanto afecte a su rendimiento.

En este video se muestra como el ex-tenista Roger Federer no se da cuenta de que tras disputar un punto había ganado el partido.

Centrarse en cada punto, en cada acción sin pensar en las consecuencias de fallar o acertar es clave para mostrar el mejor rendimiento que un deportista tiene.

POR QUÉ SE MARCAN O SE FALLAN LOS PENALTIS

por-que-se-marcan-o-se-fallan-los-penaltis-explicado-por-la-ciencia (1)Como han demostrado diversas investigaciones, fallar un penalti es más fácil de lo que parece. Pero peor lo tiene el portero, que depende de sus reflejos

La soledad del tirador de penaltis

Aunque suelan ser los guardametas quienes salen peor parados, los tiradores también tienen que sortear sus propios obstáculos. Como puso de manifiesto una investigación realizada por la Universidad de Exeter en Inglaterra, el lanzador de un penalti es víctima de la ansiedad, como se refleja en sus movimientos oculares, algo que puede conducir fácilmente a la distracción.

“Durante una situación muy estresante, tenemos más posibilidades de ser distraídos por cualquier estímulo amenazador y centrarnos en ellos más que en la tarea que estamos realizando”, señalaba el artículo publicado en las páginas del Journal of Sport and Exercise Psychology. “Por lo tanto, en el estresante disparo del penalti, es probable que la atención del futbolista se dirija hacia el guardameta, en lugar de las zonas más óptimas para el disparo, como la parte interior del palo. Esto perjudica la puntería del tiro e incrementa la probabilidad de golpear el balón hacia el portero, haciéndolo más fácil de parar”.

De ahí que los porteros suelan moverse de manera ostensible cuando tienen que parar el tiro: de esa manera, es más probable distraer al tirador. Greg Wood, el profesor que encabezó el estudio, lo tiene claro: “lo mejor es ignorar al portero y centrarse en el mejor lugar”.

Solo ante el peligro

Aunque, si simpatizamos con el pobre portero que debe afrontar una tanda de penaltis entera, también hay estudios que nos recuerdan que es casi imposible parar un penalti (de hecho, es más fácil que sea el tirador el que lo falle).

El portero necesita al menos 100 milisegundos para procesar mentalmente el disparo, y otros 100 milisegundos para enviar a su cuerpo la orden de tirarse

Uno de ellos fue realizado por el canal deportivo estadounidense ESPN en un estudio en el que, de la mano de John Brenkus de Sport Science, desvelaban que parar un penalti era incluso más difícil que batear una pelota de béisbol. ¿Por qué? Para empezar, porque el tamaño de la portería es mucho más grande de lo que parece por televisión, con sus 7,32 metros de largo y 2,44 metros de altura, una superficie de 17,82 metros cuadrados. No obstante, es fácil llegar para un portero con una mínima altura y agilidad… siempre y cuando tenga tiempo.

El principal problema no es, por lo tanto, el tamaño de la portería, sino la distancia que hay entre el punto de penalti y la línea de gol, los célebres 11 metros. Una distancia demasiado pequeña como para que el portero pueda reaccionar: la ventaja es para el lanzador, en cuanto que dispone de todo el tiempo del que desee para elegir por dónde se dirigirá la trayectoria del balón.

Como calculó el estudio difundido por ESPN, si el balón es golpeado a una velocidad de 70 millas por hora –es decir, unos 112 kilómetros, que puede aumentar en el caso de golpeadores más fuertes como Cristiano Ronaldo, que puede llegar a los 130 kilómetros–, el balón puede alcanzar la escuadra (la zona más apartada de la portería) en 400 milisegundos.

El problema para el portero es que este necesita al menos 100 milisegundos para procesar mentalmente el disparo, y otros 100 milisegundos para enviar a su cuerpo la orden de tirarse hacia un lado u otro. Hasta ahí las cuentas salen, ¿verdad? Nos olvidamos que más tarde, el cuerpo tiene que ejecutar dicho movimiento, algo en lo que se tarda 700 milisegundos. Para entonces, es muy probable que haga ya 500 milisegundos que el balón se encuentre en el fondo de la portería.

¿Qué se puede hacer entonces? Hay dos alternativas. Por un lado, lo que hace la mayor parte de porteros: tirarse hacia un lado antes de que el lanzador golpee el balón, y en lo cual es muy importante haber estudiado previamente los hábitos y preferencias del rival. De ahí nace la paradinha popularizada por Pelé, y en la cual se ralentiza la velocidad de la carrera para obligar al portero a reaccionar antes de tiempo y golpear el balón con este ya vencido.

Otra posibilidad es intentar adelantarse unos centímetros a la línea de gol (no demasiados, puesto que el árbitro puede pedir que nos echemos hacia atrás), lo cual tiene efectos positivos en la cantidad de espacio que puede cubrir –el ángulo del balón se reduce–, pero negativos en la tan preciosa capacidad de reacción del guardameta.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-06-19/por-que-se-marcan-o-se-fallan-los-penaltis-explicado-por-la-ciencia_148412/