
“Todo lo que debe hacer un entrenador es tener contentos a los 11 suplentes…”.
Esta frase encierra una gran verdad del deporte y del liderazgo. Como entrenadores, solemos centrar nuestra energía en los que juegan, pero el verdadero reto está en gestionar a quienes no tienen minutos. Ahí es donde se pone a prueba nuestra capacidad para liderar personas, no solo equipos.
Desde la psicología deportiva sabemos que un suplente motivado, implicado y emocionalmente cuidado es un activo clave. Entrena mejor, empuja al titular, sostiene al grupo y está preparado mentalmente cuando llega su oportunidad.
Por el contrario, un jugador desconectado en el banquillo puede contaminar el clima del vestuario y debilitar la cohesión del equipo, incluso sin decir una palabra.
El rol del entrenador va más allá de decidir alineaciones. Comunicar con honestidad, explicar roles, escuchar, reconocer el esfuerzo diario y hacer sentir importantes a todos los miembros del equipo es una habilidad entrenable.
No se trata de prometer minutos, sino de ofrecer sentido, pertenencia y respeto. La gestión emocional del grupo es tan determinante como la táctica o la preparación física.
Los equipos verdaderamente fuertes no son los que tienen once buenos jugadores, sino los que cuentan con un grupo comprometido, preparado y alineado con el propósito común.
Si logras que los que no juegan sigan creyendo, trabajando y apoyando, habrás dado un paso enorme como entrenador y como líder. Porque el éxito colectivo empieza en cómo cuidas a quienes esperan su momento.
Jose Antonio Bonilla Cortabitarte
Eficacia Deportiva